Qué hace River de acá a Lima

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Y ahí está River, saltando de un desafío a otro. Después de la derrota con Rosario Central, el plantel volvió a los entrenamientos este lunes por la mañana; por la tarde, Marcelo Gallardo vivió un momento muy especial y emotivo al regresar a su escuela primaria. Desde este martes temprano, el Muñeco volverá a hacer escuela con sus jugadores y ahí definirá la lista de jugadores que viajarán a Córdoba para la semifinal de la Copa Argentina contra Estudiantes de Buenos Aires.

Pero claro, por encima de todo emerge la finalísima de la Libertadores. Omnipresente, el duelo con Flamengo ya golpea las puertas y, en consecuencia, el entrenador debe definir qué formación usará este jueves por la Copa local.

Gallardo ha repetido que el equipo que viene usando es el mejor en este momento y por eso le ha dado rodaje. También porque hay espacio entre un compromiso y otro, por lo que no necesita rotación. Además, ningún suplente ha superado el nivel de los titulares más allá de que el rendimiento colectivo no fue el mismo desde el 2-0 a Boca por la semifinal de ida.

Armani; Montiel, Martínez Quarta, Pinola, Casco; Enzo Pérez; Nacho Fernández, Palacios, De la Cruz; Borré y Matías Suárez es el 11 que sale de memoria y que -de no mediar imponderables- emerge como para salir a jugarle al poderoso Flamengo. ¿Será esta formación la que enfrente a Estudiantes por un lugar en otra final de Copa Argentina? ¿Habrá alguna chance para Pratto, Scocco o Juan Fernando Quintero? Seguramente minutos antes de las 21.10 del jueves se sabrá.

Después de este partido, para nada menor, la atención se pondrá solamente en Lima. El plantel viajará el miércoles 20 rumbo a Perú y allí terminará la preparación para buscar el bicampeonato de América. Por eso, la cuenta regresiva ya ha empezado. 

 

Con los otros equipos tampoco: Boca cayó con Lanús

La eliminación ante River en la semifinal de la Copa Libertadores caló hondo en Boca. El conjunto dirigido por Gustavo Alfaro volvió a sufrir un golpe, esta vez por la Superliga: cayó 2-1 ante Lanús en el Sur. José Sand y Carlos Auzqui (justo un futbolista con pasado en el Millonario) anotaron en el inicio de cada tiempo, condicionando el desarrollo. Mauro Zárate, con un excelso tiro libre, había convertido el 1-1 parcial. 


El Granate le pegó un nuevo golpe veloz a Boca, para sumergirlo en sus dudas. A los 9 minutos, Marcelino Moreno sacó un centro preciso para el cabezazo goleador de José Sand. Los dirigidos por Luis Zubeldía le cedieron el control de la pelota al Xeneize, que el inicio le dio buen destino desde los pies de Agustín Almendra (de lo mejor ante River), quien tuvo su grito en dos oportunidades: en una la pelota pasó junto a un palo; en la otra, atajó Agustín Rossi. Claro que de contragolpe, con agresividad, dinámica y transiciones rápidas apenas recuperó el balón, el Granate hizo estragos. Moreno, de hecho, casi amplía el score a los 13, con un teledirigido que, tras un roce, dio en el travesaño y picó en la línea.

Boca fue en busca de la igualdad: lo tuvo en una aparición de Lisandro López que Rossi conjuró de manera magistral. Pero a los 34 minutos Mauro Zárate se hizo cargo de un tiro libre en el borde del área. Y con una caricia de derecha colgó el balón del ángulo para sentenciar el 1-1.

Pero en el inicio del segundo tiempo, Lanús repitió la fórmula: golpear en la primera llegada. Moreno, en estado de gracia, limpió para Pasquini, quien envió el centro ajustado para el ingreso de Carlos Auzqui, justo un ex River, que firmó el 2-1. La acción demostró distracción y desorden en las marcas de Boca, que acarreaba apenas dos tantos en contra en el certamen, y en menos de 50 minutos recibía la misma cantidad.

Excepto por un tiro libre ejecutado por Mac Allister que rechazó con pericia Rossi, a Boca le costó la elaboración ante un equipo incómodo, vivaz. No le ofreció espacios y lo desgastó en las réplicas, al punto que Izquierdoz resultó expulsado a diez minutos del final. Los cambios de Alfaro, en busca de mayor desequilibrio, le quitaron criterio colectivo a la visita, que lució grietas en la zona que mejor funcionó en la era de Lechuga: la defensa. Incluso Andrada exhibió momentos de desorientación.

Así, Boca dejó pasar la posibilidad de alcanzar la cima del torneo: quedó a tres puntos del líder Argentinos Juniors. Y Lanús, cimentado en buenas actuaciones, se ilusiona: quedó a dos unidades de la cúspide de la Superliga.

Mirá qué distintos somos: Tevez admitió que Boca no le puede ganar a River


«Nadie nos supera», supo decir Guillermo Barrios Schelotto luego de ganar un partido agónico ante Tigre, hace varios meses. «Ni perder con River», fue lo que agregó el técnico, alegando que eran el mejor equipo del país. Sin embargo, el Melli se fue y quedó Carlos Tevez, quien había manifestado que «todo volvió a la normalidad, cuando ganó un partido de torneo local en Núñez.

Sin embargo, con el paso del tiempo, al Apache no le quedó más remedio que reconocer la realidad. Es por eso que, post derrota con Lanús, Tevez enfrento el micrófono de Fox Sports Premium para admitir las diferencias entre su equipo y el de Gallardo asegurando que, hoy, Boca no le puede ganar.

«Los campeonatos hicieron que River se agrande, que tenga mucha más confianza. Los campeonatos y ganar partidos te da mucha más confianza y creo que eso hizo que nosotros no le podamos ganar. En otra época pasaba lo mismo con nosotros», manifestó el atacante.

El River de Gallardo volvió a eliminar a Boca y jugará la final de la Copa Libertadores


El imponente marco fue una muestra del partido histórico que se vivió en la Bombonera. La revancha de la semifinal de la Copa Libertadores volvió a tener el espectáculo más atractivo del continente: el Superclásico.

Los fuegos artificiales, papelitos y globos pasaron al olvido cuando la pelota comenzó rodar por el Alberto J Armando. Tras 15 minutos de demoraWanchope Ábila tocó para Carlos Tevez Boca dio el puntapié inicial en el apasionante compromiso frente a River.

Con una propuesta más ofensiva que la empleada en Núñez, el Xeneize intentó adueñarse de la pelota a través de la velocidad de Eduardo Salvio, y la jerarquía individual de sus delanteros. Sin embargo, los contragolpes liderados por Milton Casco y Nicolás De La Cruz conformaban una preocupación constante en Gustavo Alfaro.

La vía aérea fue el primer recurso que aplicó el dueño de casa para lastimar al Millonario. La potencia del ex Huracán y los anticipos de Emmanuel Mas fueron los argumentos más sólidos para amenazar a Franco Armani. En cambio, los de la Banda se animaban a apostar por disparos tímidos de media distancia que no le generaban ningún inconveniente a Esteban Andrada.

El estadio se vino abajo cuando Eduardo Salvio marcó el primero de la noche. El bloque de cemento tembló ante el grito generalizado de Boca, pero una mano de Mas en la jugada previa invalidó la acción. El rostro de resignación del Toto reflejó el sentimiento colectivo que se vivió en la Bombonera.

En la reanudación del pleito una distracción de la defensa de River le dio la posibilidad a Wanchope Ábila de celebrar el 1 a 0, pero la demora del delantero facilitó la tarea de Martínez Quarta para desactivar el peligro. Una situación similar a la que tuvo Mac Allister dentro del área chica, pero una definición ancha se diluyó en una confusión que Wilton Sampaio terminó resolviendo con un supuesto fuera de juego.

Como el tiempo se consumía, Alfaro decidió reemplazar a Almendra Ábila por Hurtado Mauro Zárate para tener mayor peso ofensivo. Así, el ex Vélez apeló a su individualidad para probar la resistencia de Armani con dos remates de media distancia. El único problema para Boca era la falta de marca en la mitad de la cancha, un factor que quiso capitalizar River.

Con un esquema más abierto, Gallardo sacó a Borre por Pratto para tener más oxígeno en la estocada final. Además, con el ingreso de Paulo Díaz (por Milton Casco) buscó ganar mayores recursos en la pelota parada.

Sin embargo, cuando faltaban 10 minutos para el cierre del encuentro la única arma que supo usar Boca llegó a la red. Un centro que llegó a la cabeza de Lisandro López recorrió toda la zona millonaria y, después de una aparición de Zárate que obstruyó la acción, Jan Hurtado la empujó hasta el fondo de la red. El grito de desahogo cargó de suspenso al desenlace del duelo.

El sufrimiento inesperado de River se basó en el sacrificio constante de su rival. Fue un partido incómodo para el Millonario, que estuvo muy por debajo del nivel que acostumbra. El combinado de Marcelo Gallardo logró la clasificación por la producción que deslizó en Núñez. Probablemente el 23 de noviembre en Santiago de Chile, los de Napoleón mostrarán una cara distinta para volver a conquistar el continente. Para ello deberá superar al Gremio o al Flamengo.

Para la historia

Héroes. Para la historia, para toda la vida. En Madrid, sí, inédito. En la final más imporante de la historia del fútbol argentino. Este River no necesita imperiosamente que Gallardo esté en el banco, este River sabe muy bien lo que tiene que hacer en la cancha. Dirija quien dirija desde el banco. Por eso se lo dio vuelta a Boca, por eso lo ganó, por eso lo cerró con esa contra el Pity Martínez a los 120 minutos, definiendo con el arco libre y dándole el cachetazo final al rival de toda su vida. Y Copa, al Mundial de Clubes de Emiratos y clasificación a la Libertadores 2019, 

El Pity hizo el tercero.

¿Qué tuvo River que no Boca? Equipo, juego colectivo, aun en los momentos más críticos. Como en la Bombonera casi un mes atrás, estuvo abajo, y con la diferencia que arrancó abajo en el segundo tiempo. Y fue paciente, muy paciente, nunca se despesperó y aprovechó la poca solidez del rival. Porque Boca se replegó demasiado y le regaló la pelota, pero muy cerca de su arco. Y en la primera vez que acertaron los toques en velocidad, River lo empató con una pared de manual para el 1-1 de Pratto.

Esto es para la historia. Más allá de la final manchada por todo lo que pasó, River lo ganó merecidamente, incluso reponiéndose al palazo que puede implicar un penal no cobrado con media hora por jugarse. Y el que frotó la lámpara en el entretiempo fue Quintero, que en el suplementario metió un zapatazo para la historia, con poco recorrido, inatajable. Tremendo, para verlo mil veces y aplaudir. Y ésa fue la estocada final, el golpe de KO para un Boca que estaba apostaba a los penales con uno menos y que encima después se quedó sin Gago, otra vez lesionado en un superclásico.

Gallardo apareció ya con el hecho consumado para festejar y lagrimear, pero sin dudas de que es el padre, padrazo de la criatura. Aun sin él en el banco, aun sin figuras como Borré o Scocco, metiendo a un chiquilín como Julián Alvarez, el equipo siempre da la cara. Y se lo da vuelta a Boca en Madrid, y levanta la Boca, y gana el partido de la historia. Héroes para siempre.

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